Ya no me faltaban argumentos para sugerirles que lean la revista digital Glitchet, dedicada al futurismo y la estética glitch. (Está en inglés, pero cada número incluye varias imágenes y links a material visual muy copado, así que vayan igual aunque no entiendan.) Ahora me dedican un parrafito en razón de mi experimentación en poesía. That fuzzy feeling… 

Se preguntarán por qué me mencionan en una revista semejante. Verán una mención enigmática a cadenas de Markov y una serie de versos sueltos que no tienen relación entre sí. Explico: las cadenas de Markov son lo que ocurre cuando uno toma un algoritmo específico llamado “generador Markov” (es un programa de computadora) y lo alimenta con un corpus textual de tamaño más o menos considerable. El generador Markov calcula la frecuencia con que cada palabra (o cadena, o conjunto de x palabras) ocurre en el texto y genera un texto nuevo, en el que la probabilidad de que determinada cadena siga a otra está basada en la frecuencia con que aparecen, pero la elección de la cadena específica es aleatoria (al azar).

Por ejemplo, supongamos que en el corpus (que puede ser cualquier cosa, desde una colección de novelas hasta un catálogo de descripciones de productos, incluyendo la mezcla indiscriminada de todo tipo de textos) la palabra “estoy” aparece seguida de la palabra “cansado” tres veces; de la palabra “en”, veinte veces, y de la palabra “aquí”, dos veces. Un generador Markov simple que opere sobre palabras individuales encontrará la palabra “estoy” y a continuación de ella escribirá “en” con una probabilidad del 80% (20/25), o la palabra “cansado” con una probabilidad del 12% (3/25), o la palabra “aquí” con una probabilidad del 8% (2/25). A continuación tomará la palabra que haya escrito (“en”, “cansado” o “aquí”) y aplicará el mismo proceso con las que pueden seguirla. Y así hasta llegar al límite establecido por el programa. Es decir, el algoritmo Markov “rompe” el texto, lo mezcla y lo desordena, y luego junta los pedazos como piezas de un rompecabezas que pueden juntarse de varias maneras y no sólo una, produciendo una imagen diferente. Orden en el caos.

Mi experimentación poética consiste en aplicar un generador Markov a una serie de textos que va variando con el tiempo y “pescar” entre los resultados lo que puede servir como semilla de un verso o un poema entero. Así, el orden caótico producido por el programa me sirve como punto de partida para la belleza, la epifanía o la otredad.

la asamblea da permiso a los huesos secos que llevamos dentro

Ningún dios te va a hacer algo así

sólo quedan ellos dos en la tierra de los ojos

Soy lo siguiente: una sonrisa.

estaba en la panza de una situación penosa

mi padre y yo entramos en un ancho estorbo

ha entrado en la verdad que también es una ausencia magnífica

Comprimieron el aire y nadie se entera de nada.

Es fácil ver que el algoritmo de Markov es una especie de glitching sobre el discurso textual, análogo a las rupturas que los artistas visuales (glitchers) producen sobre fotos y videos al alterar su estructura y romperla. Por eso Glitchet se interesó en esta operatoria.

La poesía es siempre ruptura, retorcimiento y desliz; el arte glitch es poesía visual. De ahí que las experiencias en ambos campos (si es que hay dos campos que pueden definirse) nos interesan a todos por igual, ya sea que trabajemos con la palabra o con la imagen.