En estos días de regresión alucinada, en los que la inflación, los despidos y la corrupción ocupan la mente colectiva casi al completo, parece un atrevimiento ponerse a pensar en otras cosas. Y sin embargo es éste el momento de plantear algunos temas que, siendo menos urgentes, reclaman también nuestra atención mientras no sea demasiado tarde. Ya que tanto las autoridades como el público en general parecen bastante prescindentes respecto de lo que ocurre en el ámbito generalmente delimitado con el concepto de cultura (más allá de que, como suele decirse, “cultura es todo”), viene bien que desde ese propio campo se tome la iniciativa y se propongan avances concretos.

El Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas (FAyTC) ha hecho esto mismo, elaborando un documento en el que se propone una rejerarquización de la dependencia oficial específica y la sanción de una ley de derechos culturales, documento al que, al igual que tantos otros, he sumado mi adhesión, y que se presenta esta tarde en la ciudad de Buenos Aires. (Lo adjunto también a este post, para quienes quieran leerlo.)

Ahora bien, plantearse la protección legal de los derechos culturales implica en primer lugar sugerir su existencia y, en el mismo paso lógico, definirlos. ¿Qué son, qué pueden ser los derechos culturales, y a partir de ahí, por qué y cómo garantizarlos y protegerlos? No tengo respuestas certeras para esta múltiple pregunta, que en todo caso será un tema central en el debate de esta tarde; al contrario, reconozco su carácter crucial y la importancia de, efectivamente, debatir y poner en claro qué derechos básicos buscaremos defender en el campo de la cultura.

Siguiendo una línea teórica que va de Confucio a Carta Abierta, pasando por John William Cooke y Ernesto Laclau, el FAyTC traza el paradigma de la pugna por preservar una idea de cultura nacional, y desemboca en la de soberanía cultural. Advierte el peligro de que la orientación neoliberal del actual gobierno produzca un fenómeno de privatización de los intercambios culturales, a caballo de leyes de mecenazgo o similares, y opone la iniciativa de una norma abarcadora que proteja los derechos culturales de los argentinos y, paralelamente, un plan estratégico de defensa de estos derechos, incluyendo la celebración de foros democráticos en todo el país. Otro de los puntos propuestos es la constitución de un observatorio de políticas públicas culturales, que, desde ya, me entusiasma.

La cita es a las 19 en el Centro Cultural de la Cooperación, en el centro porteño, y, salvo razones de fuerza mayor, ahí estaré. En cualquier caso, vale la pena darle una lectura al documento para entender de qué va la cosa. Aun si la iniciativa sólo sirve para que se produzca una conversación en el ámbito público acerca de este tema, aun si se producen resultados institucionales, poner atención en el estatus del ámbito de la cultura en el actual contexto socio-político-económico me parece de vital importancia.

Adjunto: DOCUMENTO DEL FRENTE DE ARTISTAS y TRABAJADORES DE LAS CULTURAS

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