(Este blog fue hackeado en algún momento de enero de 2014. El post que estás por leer es uno de los que decidí rescatar a posteriori.)

 

querés
matarla.

gritar viva la patria
con la culata transpirando

apretar bien la soga y sorber
el terror de sus ojos, el trémolo
del cuerpo desgañitado.

matarla. que aprenda. que aprendan todos.

susurrar “acá estamos” al oído convulso
mientras se revienta el tórax con el martillazo.

pegarle.
pegarle hasta que se calle.
pegarle para siempre.

el puño contra los dientes.
el pie para quebrar el cuello.
el dedo hundiéndose en el ojo.
la hoja sobre la lengua.
la frente contra el cordón.
matarla.

“esto era un país” decirle.
recibir el hálito de fondo,
los amigos la casa el trabajo la calle
“bien hecho” diciendo, “dale dale vamo” diciendo

matarla.
buscar el lugar preciso para el cuchillo.
hundir, revolver. rebanar.
la satisfacción del grito que se extingue.
la voz
de los que no tienen voz.

eso querés. querés
matarla.

“al fin” que digan, “ahora es otra cosa” que digan,
que digan silenciosos a la vista de la sangre
por la canaleta. muy bien diez felicitado.

“nadie te escucha” decirle
pero por las dudas arrancar
con la tenaza los labios mentirosos.
que te escuchen. “muy bien” que digan.

matarla y cobrar el premio
de la historia.

es larga la lista
de premiados.

que estén todos ahí.

oír el murmullo, el canto universal.

que te reciban ensangrentado, cansado.
“muy bien” que digan. “algunas cosas
no pueden seguir.”

los amigos la casa el trabajo la calle
los ganadores. vos. gritar viva la patria.

que te reciban y te abracen
y lloren un poco y vos también llores un poco
y saborear el vómito de sus bocas y vomitar
en sus caras y recibir en tu cara el vómito y la baba

y sumarte al éxtasis tembloroso y pegajoso y molar
y bailar y aullar y patinarte en la mierda
y rendirte al flujo múltiple y oscuro,
a la gran orgía de la historia.

matarla y ganar.

–Sebastián Lalaurette

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