Veronica Guerin

Año: 2003

Director: Joel Schumacher

Protagonistas: Cate Blanchett, Ciarán Hinds, Gerard McSorley

En una línea: Hay algo que no cierra, Joel.

Debo admitir que no conocía la historia de Veronica Guerin, la periodista irlandesa asesinada en 1997 por los barones del narcotráfico a los que investigaba, hasta hace unos días, cuando finalmente alquilé la película. Al parecer, su muerte fue una especie de hito en la historia de Irlanda o, al menos, en su historia policial.

Ver la película sin conocer los hechos de antemano me dejó, en mi condición de periodista, con varias preguntas sin responder. No espero, por supuesto, que un filme destinado al gran público abunde en detalles acerca del trabajo periodístico, que está repleto de elementos que para el común de la gente podrían resultar abstrusos o contradictorios. De hecho, se advierte en la cinta la loable intención de explicar claramente, incluso al punto de la obviedad, la forma en que la protagonista se acerca a la información y las dificultades (sobre todo legales) que encuentra.

Pero, en algún punto, esa transparencia cede paso a una oscuridad total. Y, en otros, se vuelve casi un panfleto, una afirmación mítica. Veronica Guerin visita la casa de John Gilligan, el jefe del tráfico de drogas a quien comienza a fustigar desde sus artículos: lo hace sola, sin fotógrafo ni grabador, y le pregunta, sin más, "de dónde saca todo su dinero". Desconozco si la escena tuvo lugar realmente, pero sí puedo afirmar que ningún periodista en su sano juicio haría una cosa así. ¿Qué esperaba entonces Guerin, en lugar de la golpiza que recibe de parte de Gilligan, que la echa de su casa? ¿Se trata de una reconstrucción histórica o de una escena puesta allí por Schumacher para que nos encariñemos más con el personaje?

En la película se sugiere que el resto de los periodistas desprecian a Veronica y la consideran una profesional deficiente. También se muestra cómo ella rehúsa frecuentar los mismos lugares que ellos y se ubica en el lugar de una luchadora solitaria. Pero este elemento no vuelve a entrar en juego, no se profundiza en esa tensión entre unos y otros que podría ser causada por la envidia de una parte o por la simple torpeza de la otra.

¿Era Veronica Guerin tan mala periodista como parece haber sido según el retrato de Joel? No parece, porque de alguna manera, según podemos ver en la cinta, fue sumergiéndose en un mundo desconocido y peligroso para obtener datos cruciales que llevaron a los capos de la droga a las primeras planas. Pero, en la película, esto es inexplicable: asistimos a una serie de bravuconadas sin sentido, que no le aportan ninguna información y que hacen de la historia una biografía sumamente improbable.

Sebastián Lalaurette