V de venganza (V for vendetta)

 

Año: 2005

Director: Felix McTeigue

Protagonistas: Hugo Weaving, Natalie Portman

En una línea: Toda una sorpresa.

Después de la intragable sucesión de bodrios que resultó la trilogía de La Matriz (sucesión que incluso tuvo la indeseable característica de darse en forma descendente en cuanto a calidad e interés se refiere), es una espectacular sorpresa encontrarse con esta nueva realización de los Wachowski, a quienes ya dábamos por perdidos para el cine de verdad. V de venganza no sólo es una buena película, es excelente y tal vez sea la película del año.

No es porque la historia de V, el personaje encarnado por Hugo Weaving (el agente Smith de la trilogía mencionada y el Celeborn de El Señor de los Anillos, versión Peter Jackson), tenga un anclaje bien definido en la realidad histórica, ya que se trata de un émulo de Guy Fawkes, que intentó volar el Parlamento inglés a principios del siglo pasado. No es porque sepa construir una expresividad asombrosa a través de esa máscara rígida que no se quita en ningún momento (algo bien destacado en el video de promoción que hemos podido ver en el cable). No es porque Natalie Portman esté más hermosa y convincente que nunca. No es porque se nos entregue una producción visualmente atractiva, con un uso de la luz y el color y el estallido y la multiplicidad humana que hace que las imágenes permanezcan en la retina. En parte es por todo eso a la vez, pero hay algo más, hay un fondo, es decir un guión, que atrapa no por la acción sino porque, contrariamente a lo que podía esperarse de los Wachowski, en esta historia suceden cosas.

Alegato revolucionario, metáfora apenas matizada del gobierno norteamericano (mundial) de estos días, denuncia de ciertas manipulaciones asesinas que podrían tener su asidero en sucesos de los últimos años, teoría conspirativa, cuento de amor imposible, parábola de realización personal, elegía de la destrucción liberadora, V de venganza no peca de demagógica: hace apuestas fuertes y las sostiene. Incluso se agradece el final, que parece derivar en una concesión y finalmente no lo hace.

Se le perdona, sí, el momento Matrix cerca del final, cuando V se convierte en una especie de atleta/karateca/pistolero/lanzador de cuchillos y la sangre brota en una coreografía reproducida en cámara lenta. Se le perdona la sensiblería previa al gran finale y cierta linealidad en algunos puntos clave de la historia. Se le perdona el enfoque algo pueril, no sólo de la dominación y posterior rebeldía popular, sino incluso de la maldad burocrática y devoradora. No es una película perfecta, pero es una película hermosa y honesta.

Sebastián Lalaurette