Río Místico (Mystic River)

Año: 2003

Director: Clint Eastwood

Protagonistas: Sean Penn, Tim Robbins, Kevin Bacon, Marcia Gay Harden

En una línea: El foco estaba en otra parte.

Los avances de Río Místico prometían una película que, definitivamente, no es Río Místico. Hablaban de otra cinta, una que probablemente versaba sobre los cambios de tres amigos a lo largo de la vida, en un ambiente solitario y misterioso, a partir de un terrible incidente de la infancia, que se mantendría oculto durante todo el filme, para ser revelado al final.

Esa película nunca se filmó. Lo que nos entrega Clint Eastwood en su lugar es un buen policial, protagonizado por tres hombres que en realidad ya no son amigos, unidos tras el paso de los años por un crimen que nada tiene que ver con aquéllo que los distanció de chicos, salvo de un modo muy tangencial. Ambos eventos se superponen malamente, por una mera cuestión de simultaneidad, y el desenlace, cuando el secreto al fin se revela, queda forzado y deslucido. Por cierto, aquel secreto no guarda ninguna relación con el misticismo del río que vio crecer a los personajes, así que tampoco hay por allí demasiada tela para cortar. En suma, el foco del relato no es el que debería ser.

Dicho lo anterior, Río Místico no es una mala película; todo lo contrario. Más allá de lo forzado de las circunstancias, las interpretaciones de Penn, Bacon y, sobre todo, la pareja Robbins-Gay Harden son impecables. Las imágenes del río y el pueblo que lo circunda son de una belleza que contrasta con la violencia y la muerte que las aguas saben ocultar. La música, del propio Eastwood, constituida principalmente por variaciones sobre un mismo tema, acompaña y realza esa belleza aun en el momento más terrible.

Hay, sin embargo, algo que falla. La película promete más, mucho más, y nunca lo entrega. No es sólo la expectativa provocada por un trailer que acentúa los elementos menos presentes en el filme de Eastwood: aun ignorando la publicidad, entrando al cine virgen de todo preconcepto, uno espera, por lo que los primeros minutos de la historia insinúan, que los personajes se desarrollen más, que el secreto valga realmente la pena del misterio que lo envuelve y que la trama no se centre tanto en el asesinato que tiene lugar en el presente del relato.

Un intento fallido, sí; fallido por excesiva ambición. Pero de todas maneras, un filme que se deja ver, con personajes, a pesar de todo, entrañables.

Sebastián Lalaurette