Deuda

Año: 2004

Director: Jorge Lanata

Protagonistas: Jorge Lanata, Anne Krueger, Alfredo Martínez de Hoz, Bárbara Flores...

En una línea: Una investigación àla Michael Moore.

A partir de un caso reflejado en su propio programa de televisión dos años atrás, Lanata se calza el traje de Michael Moore para embarcarse en una “investigación” sobre la deuda externa argentina, con pocas revelaciones sustanciales y un trabajo más relacionado con el análisis y la contextualización. El punto de partida es el llanto de Barbarita, una nena tucumana que, entrevistada por María Julia Oliván, nos recordó a todos los argentinos que muy cerca de nosotros hay hambre y desesperación. El final, una escena chandleriana.

aaLa debacle económica de Tucumán, el descontrol sobre los orígenes, montos y acreedores de la deuda pública nacional, el papel del Fondo Monetario Internacional en las crisis de los países pobres, la responsabilidad de los líderes locales y la historia de las demandas judiciales que consideran ilegítima a esa deuda pasan bajo la lente del periodista/documentalista, muy cómodo en el papel del observador insertado en la historia, aportando datos y comentarios sin inocencia alguna.

Acertadamente, la película no ofrece respuestas cerradas, sino preguntas y tentativas de explicación que se oponen unas a otras. Aquí, hasta el FMI hace oír su voz y se declara inocente.

Por otra parte, se trata, al igual que Bowling for Columbine o Fahrenheit 9/11, de una película de efectos. Lo trillado del contraste entre los chicos desnutridos de Tucumán y los ejecutivos de los organismos de crédito internacionales, que cobran jugosos sueldos y viven recluidos del mundo exterior, no hace que tal contraste pierda un ápice de su impacto.

Sólo hay una manera de abandonar el cine: con indignación, un poco de impotencia y muchas ganas de cambiar la historia. Objetivo cumplido para alguien que, como Jorge Lanata, rechaza algunas normas elementales del periodismo en favor de un activismo político puntilloso, inteligente y ciertamente revelador.

Sebastián Lalaurette