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Poco para festejar
19/1/2003

 

Ya está. La larga espera llegó a su fin. Se firmó el acuerdo con el Fondo.

El acuerdo con el Fondo. Ni siquiera se lo menciona con algún adjetivo aclaratorio: es el acuerdo, no importa saber exactamente qué se acordó. A lo largo y a lo ancho del país, repetimos: el acuerdo, el salvoconducto que nos llevará a través de los peligros, el pase mágico que nos sacará del pozo, el acuerdo, el pasaporte de vuelta al mundo, la llave de la reactivación.

¿Qué reactivación?

Ah, sí. Se alivia la carga por meses, por años; dejaremos de sentir el yugo de la deuda. En default con los acreedores privados desde hace un año, hemos sorteado la cesación de pagos con los organismos internacionales, y gracias al tipo de cambio, los dólares que reporten las exportaciones de las empresas argentinas se convertirán en muchos más pesos para el Estado a través de impuestos y retenciones. Política monetaria, maniobras financieras, un hábil manejo de los ingresos fiscales y la cintura política del próximo presidente nos irán sacando poco a poco de la crisis.

¿Y la economía real?

Permiso, señor ministro. Quisiera importunarlo un minuto para hacerle notar que, si "reactivación" significa algo, ese algo tiene que ver con la producción de riqueza, con el trabajo y el desarrollo de la industria y los servicios.

No pretendo cuestionar la importancia de la política monetaria ni la precisión de las soluciones de emergencia que usted y su antecesor, Jorge Remes Lenicov, idearon cuando el país estaba en llamas. Tampoco voy a negar la importancia de medidas asistencialistas como el Plan Jefes y Jefas de Hogar en una situación de necesidad absoluta. Pero pongámoslo en negro sobre blanco: no es una situación que pueda sostenerse durante mucho tiempo. Un tipo de cambio favorable no es sustituto del desarrollo industrial; la enorme erogación que representa el subsidio a jefes de familia empobrecidos, aun con lo necesario que es, no tiene una devolución importante en trabajo realmente productivo. Y la deuda, en algún momento, habrá que pagarla.

Es difícil hacerse una idea de lo delicada que es la situación argentina en estos momentos. La deuda externa representa más o menos el 150% del PBI. Sí, todo el país (todo: no sólo el Estado, sino todas las empresas y todas las personas de este país) tendría que trabajar durante un año y medio, sin compensación alguna, para generar los dólares necesarios para pagar la deuda.

El acuerdo con el Fondo es, sin duda, una victoria política. Inclina decisivamente la balanza en favor del Gobierno y allana el camino de la transición para el próximo presidente, que esta vez tendrá la legitimidad del voto popular. Nos da un respiro para empezar a hacer cosas. Pero ¿cuándo las haremos?

¿Cuándo empezaremos a crecer?

Sebastián N. Lalaurette



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