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El arte de lo imposible
8/4/2003

 

La revista TXT de esta semana incluye un análisis "realista" de algunas de las cien medidas que Adolfo Rodríguez Saá promete implementar ni bien inicie su gobierno, si es que los argentinos lo eligen como su próximo presidente. Ese enfoque, el realista, no es el que más conviene a esas medidas: nos enteramos de que el candidato quiere hacer caducar todas las leyes que no sean ratificadas en un plazo de seis meses (sería imposible examinar todas las leyes argentinas en un plazo cien veces mayor), recuperar las tierras inundadas excavando canales de 15 metros de profundidad con pico y pala, construir una red de trenes de alta velocidad (no dice cómo la financiará en un país quebrado y en cesación de pagos declarada por él mismo), crear la moneda común del Mercosur (Europa tardó cuatro décadas en llegar al euro), poner un millón de personas a forestar el país y mudar la Capital Federal a un pueblo del interior cordobés, entre otros delirios.

Aun así, como lo destaca el periodista Luis Majul en su programa La cornisa, Rodríguez Saá es el único candidato que ha presentado una plataforma con propuestas. Y ése es el problema. Destacamos como una virtud que se haya presentado un programa, aunque ese programa involucre ideas trasnochadas y apele al nacionalismo mágico de una manera vergonzante.

En el imaginario colectivo, Rodríguez Saá es un líder emprendedor, que avanza con propuestas donde otros sólo se preocupan por pelearse entre ellos y tejer alianzas estratégicas que se disolverán cuando amanezca el 28 de abril. No se analizan esas propuestas, no se discuten, ni siquiera se conocen: lo que importa es el concepto básico, el impacto mediático, la vaga idea de que el hombre tiene algo que ofrecer y los otros candidatos no.

Y así, es muy posible que "el Adolfo" sea nuestro próximo presidente, ungido por el voto de quienes, cansados de escuchar acusaciones cruzadas y declaraciones vacías de contenido, creyeron encontrar en él a un líder que puede resolver los problemas del país con unos cuantos pases de enérgica magia.

Digámoslo claramente: Rodríguez Saá no hará caducar todas las leyes para luego ratificarlas, no recuperará las tierras inundadas, no construirá el tren bala, no creará la moneda del Mercosur, no trasladará la capital a Córdoba y no forestará la Argentina dándoles trabajo así a un millón de personas (por supuesto que no lo hará: ¿con qué dinero les pagaría y cuándo recuperaría la inversión? ¿Cuánto tarda un árbol en crecer y devolver lo que se gastó en plantarlo?).

De la mano de la decepción, que no puede sino ser rápida, vendría la inestabilidad política y económica y tal vez un caos similar al de fines de 2001. Para evitarlo habría que pensar críticamente en lo que los candidatos proponen y señalar claramente cuando nos toman por idiotas, pretendiendo hacernos creer que lo imposible es fácil. Pero ¿estamos preparados para pensar así? ¿No estaremos demasiado acostumbrados a la magia?

Sebastián N. Lalaurette



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